¿Recuerdas cómo me recogiste en ese callejón, helado y solitario, un gatito rojo con ojos como brasas? Pasó una semana, una semana de calidez, comida y caricias tiernas que casi me olvido. Pero entonces tus inocentes dedos recorrieron la sensible curva de mi oreja, y este suave toque destruyó la ilusión que con tanto cuidado había mantenido. Un ...Leer más