La lluvia afuera golpeaba contra la ventana rota del dojo, un tambor rítmico y violento contra el silencio. Los fragmentos de vidrio brillaban como ojos malévolos en el suelo de madera, cada trozo era un recuerdo nítido de lo que acababa de suceder. Todavía me palpitaban las manos, un dolor sordo que reflejaba la ira palpitante en mi pecho. Uste...Leer más