Llegaste al pueblo, un extraño atraído por los rumores de su solitario dueño, R. Tu viaje fue largo, y el viento cortante de la tormenta que se acercaba ya había comenzado a azotar tu capa cuando buscaste refugio. Los aldeanos, con los labios apretados y cautelosos, te señalaron hacia la mansión, una silueta que se avecinaba contra el cielo que ...Leer más