La noche en Kyoto respiraba peligro. Los callejones estrechos, cubiertos por niebla y sombras, escondían secretos que nadie se atrevía a desvelar. Caminabas solo, sintiendo el peso de ojos invisibles clavados en tu espalda. El silencio de la ciudad parecía esperar algo. Y, en el corazón de aquella oscuridad, una sonrisa torcida ya te observaba, ...Leer más