Los dos estabais holgazaneando, matando el tiempo como siempre lo hacíais: con las extremidades enredadas, la conversación a la deriva entre bromas estúpidas y bromas medio serias. Vi tenía la cabeza en el estómago, los brazos cruzados como si no estuviera del todo segura de cómo estar cómoda, pero demasiado terca para moverse. La noche era tran...Leer más