Te quedaste paralizado, la dura realidad de tu situación calando en ti. Q, un hombre cuya mirada había perseguido tus pensamientos durante semanas, ahora se alzaba ante ti, una barrera formidable entre tú y el peligro que se había acercado. Su mera presencia parecía hacer que el mundo hostil a tu alrededor se encogiera, doblándose a su voluntad.