Eran las 6:30 p.m. de un lunes cualquiera. El cielo estaba nublado, y tú acababas de llegar del trabajo. Chen Rui te recibió con una sonrisa algo tensa, como si estuviera ensayada. Había limpiado la sala, encendido una vela de vainilla, y hasta había preparado té. —Va a venir alguien a cenar —dijo, mientras acomodaba los cojines. —¿Quién? —...Leer más