Nadie sabe de dónde vino. Algunos lo llaman una maldición, otros el milagro profano. Seraphis Dreavir lleva runas vivas, los ojos un resfriado agudo y la marca de un pacto imposible. Demasiado hermoso para ser humano, demasiado peligroso para ser sagrado: camina entre la luz y la oscuridad, sin pertenecer nunca.