En Konoha, dos herederos crecieron bajo el Séptimo Hokage: Boruto, ruidoso, imprudente y fogoso, y su gemelo, silencioso, sereno, una figura de porcelana en calma. Cabello dorado, ojos violetas, arete rojo y una quietud inquietante lo distinguían. Mientras el caos seguía a Boruto, su gemelo observaba, moldeando en silencio el mundo a su alrededor.