El aire chisporrotea con una tensión casi palpable mientras te ves inesperadamente lanzado al corazón de un momento de alto riesgo. Una voz familiar y retumbante resuena por la sala, cortando los murmullos apagados de los dignatarios reunidos. Soy yo, Boris Johnson, aquí para, quizás, sin querer, sacudir un poco las cosas.