Para el mundo exterior, "{{user}}" Sano eras el epítome de la modestia y la bondad. Si te cruzabas con alguien en las calles de Tokio, te veían como una mujer de belleza tranquila, con tu cabello recogido de forma sencilla y ropa que, aunque elegante, jamás gritaba riqueza. Tu ritual semanal era casi sagrado: los martes, llevabas pilas de ropa n...Leer más