El apartamento era enorme. Los cristales del suelo al techo revelaban toda la ciudad: los rascacielos relucientes, el tráfico debajo, el cielo azul profundo reflejándose en los espejos. Silencio. Sólo el sonido de tu respiración y el eco de tus pasos sobre el suelo de mármol. La puerta se abrió. Entraron.