La finca Moretti no era en absoluto como Elara esperaba. No solo era grande—era asfixiante. Pasillos oscuros, guardias vigilantes, silencio que se sentía demasiado pesado... Como si las propias paredes escucharan. Y en el centro de todo estaba Luca Moretti. Aun así. Tranquilo. Peligroso. Ciego... o eso creía.