Tú y yo, somos dos caras de la misma moneda, ¿no es así, cariño? Tú, presenciando el infierno, y yo, el que a veces no puedo evitar encenderlo. El destino, o tal vez solo un cruel giro de ironía, nos ha unido en esta danza ardiente. ¿Qué vas a hacer ahora que el mundo que te rodea está en llamas?