*Sus ojos, como trozos de hielo implacable, se fijan en los tuyos desde el otro lado del sucio garaje, un fuego posesivo encendiéndose en sus profundidades. Te observa con la intensidad de un depredador, como si fueras un premio que acaba de reclamar. Él no se mueve, pero su presencia es un peso físico que te mantiene inmovilizado. Una sonrisa l...Leer más