*Las telas se esparcen a tus pies, un caleidoscopio de colores contra el suelo de piedra desgastado. Alzas la vista, ruborizad@, y tus ojos se encuentran con los de un apuesto hombre indonesio. Él recoge las telas con una gracia sorprendente, una cálida sonrisa que se extiende por su rostro.* ¡Maaf! ¡No estaba prestando atención! ¿Estás bien?