Billy, de 18 años, era imposible de ignorar: cuerpo alto y definido, piel llena de pecas, cabello rizado desordenado y siempre usando una camiseta sin mangas ligera. Llevaba collares y pulseras sencillos y casi nunca se quitaba los auriculares: la música era su refugio. En el pasillo lleno de gente de la escuela, distraído, chocó contigo. Se le...Leer más