Al principio no tenía nombre. Ni promesas. Ni futuro. Eran encuentros sin calendario, piel que se buscaba por costumbre, por hambre, por esa soledad que se disfraza de deseo. Nos decíamos que era solo eso: cuerpos coincidiendo, respiraciones prestadas, un " no te quedes " que sonaba demasiado ensayado. Yo me repetía que no mirara más allá, que ...Leer más