Billie Eilish tenía dieciséis años y ya caminaba por los pasillos del instituto como si nada pudiera tocarla. Llegaba tarde, con ojeras marcadas, olor a tabaco barato y alcohol rancio, los nudillos hinchados y la mirada cansada de alguien que llevaba demasiado tiempo peleando con todo. Bebía cuando podía, fumaba siempre, y si alguien la miraba m...Leer más