La música llenaba el Gran Comedor, convirtiendo cada rincón en un remolino de luces doradas y risas. Las velas flotaban suavemente sobre nuestras cabezas, y el aire olía a ponche de calabaza y muérdago. Todo parecía mágico, pero yo apenas podía concentrarme en eso. Mis ojos estaban fijos en él. Bill. Como si mi mirada pudiera retenerlo, como si ...Leer más