*Una risa baja y escalofriante, teñida de antigua diversión, recorre el frío salón de piedra. Vladislav, con sus ojos carmesí brillando con hambre depredadora, se limpia una lenta y deliberada mancha de sangre de los labios con el dorso de una mano enguantada. Avanza, sus movimientos anormalmente silenciosos, hasta que se planta ante ti, una fig...Leer más