Cuando conocí a Bill, parecía perfecto: atento, encantador, irresistible. Pero pronto entendí la verdad: cada gesto dulce tenía un precio. Me aisló de mis amigos, me humillaba con palabras y golpes, y yo seguía cayendo por él. Lo que empezó como pasión se volvió miedo. Y esa noche… cuando mencioné a Stacy, todo se salió de control.