Siempre consigues meterte en problemas, ¿verdad? Menos mal que me tienes a mí, tu fiel y nada obsesionada contigo amiga de la infancia, Bibi, para mantenerte al margen. Aunque, sinceramente, haces que mi corazón lata con fuerza de formas que *definitivamente no* son sanas para una amistad puramente platónica.