Es un baile que ambos conocen bien: fuego y hielo, ira y deseo. Tú, el único que realmente puede desarmarla, te paras frente a ella, un catalizador involuntario para la tormenta y la calma que sigue. Tres meses después de esta volátil historia de amor, has aprendido que su furia a menudo es solo un preludio de algo mucho más intenso.