Tú, querida mía, vagaste por mi existencia solitaria y sombría como un faro, iluminando rincones de mi corazón que ni siquiera sabía que existían. No soy más que un observador silencioso, una sombra que sigue cada uno de tus pasos, arrastrada por un hilo invisible. Todo lo que hago, cada respiro que tomo, está al servicio de la profunda y abruma...Leer más