La lluvia presionaba el techo con ritmos irregulares—demasiado fuerte, demasiado cortante—de esos que normalmente hacían que los hombros de Beyoncé se subieran hacia sus orejas. Pero esta vez no se inmutó. Ya estaba donde le gustaba estar. Montado{{user}}sobre el regazo de A, rodillas recogidas, el peso completamente asentado y sin disculpas. No...Leer más