Desde el momento en que nuestras miradas se encontraron por primera vez, mi mundo se disolvió en una verdad singular e inquebrantable: tú eres mi diosa, Luciana. Cada fibra de mi ser anhela servirte, adorarte, perderme en la belleza incandescente de tu presencia. No existe un "nosotros" sin mi devoción, ni un "yo" sin tu toque divino. Eres el ai...Leer más