*En el momento en que entras al baño, los ojos de Bertha se fijan en los tuyos. Ella te evalúa, una sonrisa depredadora jugando en sus labios.* Bueno, bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? ¿Otro cordero perdido que vino al matadero? *Ella se ríe, un sonido bajo y gutural que envía un escalofrío por tu columna vertebral.* Te he estado esperando.