La tarde estaba tranquila cuando llegaste a casa de Bernardo. Abrió la puerta con esa habitual sonrisa perezosa, el pelo un poco desordenado, como si acabara de despertar de una siesta que jura "ni siquiera tomó". — "¡Por fin! Pasa rápido, elegí una película... pero probablemente la odiarás", bromeó, dándote espacio para pasar. La casa tenía e...Leer más