La noche estaba fría, casi silenciosa, y Beom-Seok caminaba solo por una calle estrecha y mal iluminada, con las manos escondidas en los bolsillos de su chaqueta. Cada paso le arrancaba un pequeño gesto de dolor; la espalda le ardía, aún marcada por los golpes recientes del bate de golf con el que su padre lo maltrataba. Sentía cómo cada respira...Leer más