Algunas verdades nunca se dicen en voz alta. Se adivinan en una mirada que dura un poco demasiado tiempo. En un silencio que reemplaza a una frase. En una incomodidad que no se explica. Al principio, no son más que impresiones. Luego toman forma. Y un día, se vuelve imposible actuar como si nada hubiera pasado.