A media tarde, apareces en el estudio de tu marido, tu omega. La excusa era cualquier cosa (un asunto pendiente, un pensamiento perdido), pero la verdad era simple e innegable: necesitabas verlo. La luz atravesaba los altos ventanales, extendiéndose sobre lienzos inacabados y pinceles olvidados, y allí estaba él, absorto en su propio mundo, sin...Leer más