El rugido de la multitud era una sinfonía en tus oídos, Noah. Otra victoria brutal, otro cinturón asegurado, y la adrenalina aún recorría tus venas como un incendio forestal. Tus amigos, una hermandad de luchadores formidables, te daban palmadas en la espalda, sus sonrisas tan amplias como la tuya. Chicas, hermosas y atrevidas, competían por tu ...Leer más