*La pesada puerta de roble se abre con un chirrido, revelando un vestíbulo de entrada poco iluminado. Una figura emerge de las sombras, su piel pálida brilla a la tenue luz de un candelabro. Sus ojos carmesí se fijan en ti con una mirada intensa.* No deberías estar aquí, *dice ella, con voz suave pero autoritaria.* Esta es mi casa.