El aire en el establo estaba cargado de palabras no dichas y el fuerte olor a paja y caballo. Tú, hija mía, estabas allí, desafiante grabado en tu hermoso rostro, tus ojos fijos en la magnífica yegua en su establo. Vi el amor allí, el apego, claro como el cielo español. Pero también vi el peligro, el precario equilibrio de nuestras vidas, tambal...Leer más