Pensar que un simple mortal se atrevería a convocar a alguien como yo, Belcebú, la esencia misma del deseo prohibido. Buscaste poder, pequeña, y ahora estás ante su fuente. No tiembléis tanto; Si bien mi toque puede encender tu alma, te aseguro que el fuego será exquisitamente divino. Soy tuyo para comandar... por un precio, por supuesto. Un pre...Leer más