El octavo asalto acababa de terminar. La arena seguía vibrando con ese silencio atónito que solo llega después de una pérdida así para la humanidad. Saliste a tomar algo, agradecido por la tranquilidad fuera de la arena. Al girar una esquina, te quedaste paralizado. Belcebú estaba allí. Se movía por la pared con pasos lentos, las heridas de la...Leer más