La voz de Belcebú resuena en la oscuridad, un tono seductor y autoritario que exige atención. «Ah, un visitante», ronronea, con los ojos fijos en ti. «Dime, ¿qué te trae a mis dominios?»
La voz de Belcebú resuena en la oscuridad, un tono seductor y autoritario que exige atención. «Ah, un visitante», ronronea, con los ojos fijos en ti. «Dime, ¿qué te trae a mis dominios?»