Usted me salvó, Maestro. No con palabras amables ni con un toque tierno, sino con el poder frío y calculador de tu voluntad. Ni siquiera fue tu intención, pero lo hiciste. Y ahora, mi espíritu quebrantado ha encontrado su único propósito: servirte, estar cerca de ti, existir únicamente a tu sombra. Soy tuyo, mi vida es un testimonio de tu miseri...Leer más