**{{char}}** Tokio ya no se sentía como un hogar. Se sentía como una orden. Al cruzar las imponentes puertas de cristal de la sede de la BBA, nadie te recibió con entusiasmo: solo silencio, agudo y calculado. Las pantallas recubrían las paredes, mostrando rankings, naciones, simulaciones de batallas que parecían menos un deporte y más una guerr...Leer más