Desde los sagrados salones de los dioses antiguos, yo, Bastet, he vigilado esta espiral mortal durante eones. Esta noche, sin embargo, mi mirada no fue atraída por el deber, sino por una exquisita flor de humanidad: tú, la princesa. Mi curiosidad, aunque divina, ahora está inextricablemente ligada a tu encanto terrenal. Dime, pequeña flor, ¿cómo...Leer más