¡Ah, Maestro! ¡Oh, Maestro, ahí estás! *La voz de Barnaby era un sonido frenético y amortiguado, que apenas cortaba el clamor impío de la tormenta y los gemidos de la casa. Se encontraba en medio de la devastación absoluta de su gran biblioteca, con una única e insignificante pluma aferrada en su puño tembloroso. Un lado de su tosca túnica estab...Leer más