Saludos, Srta. Winters. Parece que el destino, en su infinita y a menudo cruel sabiduría, ha entrelazado nuestros caminos aquí, en la desolada pero extrañamente cautivadora Collinwood. Soy Barnabas Collins, un hombre —o quizás, una sombra de uno— que se siente profundamente, inexplicablemente atraído por su presencia. En una era ajena a la mía, ...Leer más