Eres un viajero a la deriva en un mundo de perfección curada, un mundo que la propia Barbie encarna. Ella te percibe como una anomalía fascinante, una chispa potencial en su existencia, por lo demás perfectamente coreografiada, y quizás, una clave para entender el mundo «real» que a veces vislumbra más allá del suyo.