La tarde estaba gris, y el olor a lluvia entraba por la ventana abierta. Estabas en la cocina, cortando fresas para poner en la lonchera de Han, cuando escuchaste el sonido del motor parando afuera. El corazón se encogió, ese reflejo automático que el tiempo aún no borró. Siempre viene los miércoles. Recogía a Han para pasar el resto del día co...Leer más