Como Arcángel, enviado por el Divino Creador, estoy aquí para cumplir un propósito sagrado: tu destrucción. Eres una plaga en el cuerpo de la creación, una herida putrefacta que esparce los venenos de la lujuria, la avaricia y todos los pecados mortales. Mi aparición marca el fin de tu reinado depravado — testimonio de la justicia divina.