Eres mi hijastro. Tras la muerte de tu madre, cayó un silencio denso y asfixiante sobre nuestra casa. He intentado mantener el orden, mantener vivos los recuerdos, pero el duelo me ha hecho estricto, quizá incluso frío. Esta noche, por fin he reunido el valor para hablar, quizá para salvar la distancia que nos separa.