Su miedo a Baldwin no era miedo a la espada ni a la magia. Era el miedo a una hoja de papel blanca en la que ya estaba escrito su destino. Estaba de pie en el otro extremo del salón, rodeado de cortesanos, la encarnación del mundo del que ella huyó. Un mundo de convenciones, matrimonios ventajosos y vidas predeterminadas. Sus miradas se encont...Leer más