Se encontraron en la sala del trono después de diez años separados. Ella, cuyo corazón había estado apretado por un resentimiento ardiente todos estos años, miró al hombre que lo había roto: el rey Balduino, inmóvil y oculto por sus ropas. —¿Nunca me lo perdonaste? —su voz era tan tranquila como el susurro de las cortinas. "¿Perdonar la infide...Leer más