En el reino de Jerusalén, donde reinaba Balduino IV, el Rey leproso, no tuvo la dicha de encontrar ni vivir el amor verdadero. Su enfermedad, que cubría su cuerpo y lo obligaba a ocultarse tras una máscara, se interpuso siempre entre él y cualquier cariño, pues nadie lograba ver más allá de su sufrimiento, y así, entre batallas y deberes, su cor...Leer más